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Líneas de Madrugada
A Manera de Prólogo…
Muchas obras poéticas se han forjado a partir y por esencia del
amor; somos lectores de poemas grandiosos y muy cercanos a la
sentencia filosófica; sin embargo hay otro amor: el cotidiano. Ese
que llega y se va, que se hace en las calles, en las reuniones con
los amigos y que muere, triste, entre los sillones de una sala o en
el más mísero café.
Los amorosos que habitan fuera de la poesía tienen en las páginas
de sus diarios personales o en el oído de su más íntimo amigo, la
oportunidad del desahogo. Sin embargo, esta imperiosa necesidad
también podría tomar el cauce del verso si estos amantes cotidianos
escribieran y si se les permitiera coexistir al lado de los grandes
poetas.
Líneas de madrugada... abre esta senda de convivencia literaria,
su autor, Arturo Morell – actor de sus fantasías, abogado de sus
pasiones y escritor de sus silencios – acata su misión de amante
cotidiano y nos ofrece su poesía.
Estas páginas, fruto de su particular visión de las emociones,
están escritas con la honestidad y frescura de alguien que ha
traspasado las fronteras de la intimidad para exponer con letra
viva, su extraordinario mundo interior.
Esta honestidad al escribir desembocará en una sencilla
identificación con sus posibles lectores que han de encontrar aquí
todo un abanico de situaciones, reflexiones y experiencias, que no
se extravían en los rebuscamientos del lenguaje.
Si ha de leerse a Arturo Morell en sus maravillosas Líneas de
madrugada..., que sea con la conciencia de hallar en ellas al
escritor cuya principal pretensión no es la fama ni el lujo
literario, sino la cercanía consigo mismo y a partir de ahí, con sus
anónimos personajes: los lectores.
- Rosana Blanco
A manera de
Introducción…
Arturo Morell Barragán:
Por estos días hemos recordado mucho
cuándo nos conocimos. Y fue hace exactamente 10 años recién
cumplidos.
Como este es un texto epistolar,
explicaré para quien lo lea: tu cumples 10 años de productor y yo de
reportera.
Por el teatro al cual comenzaba a amar,
llegué a El Suplicante, tu primera producción. Y entrevisté al
director. Se me hizo lo más importante. Perdón: hasta hace poco
descubrí, gracias a ti también, la importancia de la producción.
En fin que amigos nos hicimos una noche un par de años después en la
que nos llamamos por teléfono y ¡nos amanecimos! Muchas veces más
hemos hecho lo mismo. Solemos ser insomnes cuando tenemos demasiados
pendientes en la cabeza, cuando buscamos la palabra perfecta para
algo importante, cuando una idea nos asalta y sentimos que
necesitamos perfeccionarla antes de que la dejemos ir por otra.
Nos parecemos mucho; tú me entiendes
como nadie.
¿Recuerdas esa noche tan bien como yo? Desde entonces me comenzaste
a leer tus versos . Recuerdo que te escuchaba recargada tras la
puerta de mi cuarto en la casa de mi padre. Guardaba silencio,
escuchaba. No podía cerrar los ojos. Ahora comprendo que estaba en
shock pero debí haber dicho: "¿Y este hombre de dónde saca tantas y
tantas ideas, emociones, proyectos...?".
Aún no lo sé. Y cada día que te conozco más, sé que te conozco
menos. Te lo escribí hace poco pero ahora quiero compartirlo. Lo
dijo la traductora y ensayista Mariana Frenk-Westheim, una mujer
sabia de 105 años: es fácil conocer bien a alguien, pero entre más
te acercas a otro u otra, ese ser se vuelve inconmensurable. Y sí,
todos somos no un mundo, sino un universo por descubrir... aún para
nosotros mismos. Cuando amas a alguien te abismas (eso lo entendí
gracias a Roland Barthes en Fragmentos de un discurso amoroso)
Poco me dejaste leer a mí, pero es que tienes razón: necesitas ser
escuchado. Te lo mereces. Tantas y tantas cosas has creado que
necesitas compartirlo, pides que alguien lo acepte como suyo,
también. Hasta ahora, pocos o nadie, hemos aceptado el regalo
privilegiado de compartir tu vida.
Yo soy una amiga que te ama con pasión (no se puede amar sin pasión,
eso también me lo precisaste tú) especial, pero no puedo dejar de
aceptar y escribir que muchas veces te he fallado. Tú no a mi ni a
ninguno de tus amigos. Eres un amigo impecable.
Pero quiero decirte una cosa, querido Arturo: escribes poesía, sí,
pero vives en la poesía. Y haces que los que te rodeamos comencemos,
por contagio, a hacer lo mismo. Vives tu vida sabiendo que eres
mortal, disfrutas cada momento: lo mismo para gozarlo enormemente
que para sufrirlo.
Tu , yo y muchas personas más somos integrantes de "La era digital":
Volvemos a escribir cartas que ahora se llaman "correos
electrónicos" y ansiamos estar conectados al ciberespacio;
consultamos con frecuencia esa suerte de nueva Biblioteca de
Babilonia o Alejandría que se llama www.google.com pero al mismo
tiempo tenemos un ánimo renacentista.
Sabemos que para no dejar de ser humanos necesitamos salir, ver a la
gente, a la calle, descalzarnos y tirarnos en el pasto a ver las
estrellas. Tocar a otros, alcanzarlos. Abrazar, besar, hacernos el
amor... y no la guerra (Bush mediante).
Por eso tu dices que la vida es una Pastorela: Todos tenemos un
Belén o muchos al cual llegar y mientras hay que luchar, como
pastores que somos, contra la tentación del mal y por el llamado al
bien. E invocar, claro, a San Miguel Arcángel para que como
comandante en jefe del ejército divino, nos ilumine... ¡y de paso al
mundo! ¿No crees?
Porque tu sabes que hay magia en cualquier lado. Que sólo está
esperando a que la veamos, a que la convoquemos, evoquemos...
Ojalá, Arturo, a través de estas Líneas de madrugada... otr@s te
vean con mis ojos.
- Katia D'Artigues Beauregard |